Nanotecnología, emprendimiento y ambición

En el Programa 17, hace aproximadamente un año, disfrutamos de una fantástica conversación con Javier García Martínez, Profesor Titular en el Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Alicante. Hoy recuperamos aquella entrevista en el blog por si alguien se la perdió; y es que fue francamente interesante y motivadora.

Con Javier no habíamos hablado nunca antes y le llamamos a raíz de una noticia que había aparecido en la página web de la UA. Además, dado que es director del Laboratorio de Nanotecnología molecular (Nanomol) de la Universidad de Alicante, queríamos que nos hablase de eso mismo, de Nanotecnología, pero por su experiencia al final hablamos también de un tema muy interesante como es la ambición para emprender y crear tu propia empresa.

Y es que Javier García es socio fundador de una empresa de base tecnológica en el prestigioso MIT, donde fue una temporada a investigar y donde vio la oportunidad de crear su propia empresa: Rive Technology. Es quizás este uno de los hitos destacados de su importante carrera, pero es que además Javier pertenece a relevantes organismos a nivel mundial, como el Consejo de Nanotecnología del Foro Económico Mundial o el Consejo Ejecutivo de la IUPAC, la International Union of Pure and Applied Chemistry.

De hecho, en el Programa 29 volvió a nuestro programa a contarnos, desde su punto de vista como miembro de la IUPAC, cómo había sido la selección de los nombres de los nuevos elementos químicos.

A continuación transcribimos algún fragmento de la conversación con Javier, aunque te recomendamos la entrevista entera aquí (a partir del 5’20”):


Te licenciaste en Química en la UA pero estuviste en el MIT y allí creaste tu empresa “Rive Technology”. ¿Cómo fue ir hacia allí y crear la empresa?

Para estar en la punta de lanza de la ciencia hoy en día hay que ir fuera, viajar, formarse en el extranjero. Al acabar la carrera me dieron una beca FPI y estuve en la Universidad de Cincinatti, en Caltech, en la Universidad de Berkeley, y en la Royal Institution. Mi doctorado lo hice en estos centros de prestigio en el extranjero y luego me dieron una beca Fulbright con la que podía elegir donde podía ir.
En ese año, el presidente Bill Clinton creó un programa ambicioso con muchos recursos para fomentar de la nanotecnología en EEUU, y decidí ir al MIT, donde había mucho talento y recursos. Trabajé muchísimo aquellos años.
Cuando llegué allí ni se me había ocurrido crear mi propia empresa, seguramente tenía la misma actitud hacia las empresas que cualquiera dentro de la universidad: que es algo extraño, que este no es el sitio… Y nadie me dio ninguna charla ni me convencieron pero, hablando con otros compañeros de laboratorio y viendo que otros chavales de mi misma edad (24, 25 años) estaban creando sus empresas !de química! pensé: “si lo que yo investigo tiene aplicaciones comerciales y esta gente lo están haciendo, ¿por qué no lo puedo hacer yo?”.
Mi trabajo consistía en la mejorar la eficiencia de los procesos de refino de petróleo, con una aplicación evidente, y me junté con unos compañeros, hicimos un plan de negocio, el MIT patentó nuestra tecnología y eso fue el comienzo de Rive Technology. Allí hoy en día trabajan 50 personas, hemos conseguido 80 millones de dolares de capital riesgo, nuestros catalizadores están en refinerías produciendo gasolina y diésel en todos los EEUU y creo que es un buen ejemplo de que la nanotecnología no es ciencia ficción y se está aplicando: producimos unas 5000 toneladas de catalizador.

Pero ¿ves un cambio de mentalidad en EEUU y en España respecto a lo de crear empresas?

Yo fui allí con la mentalidad que había visto aquí y caí en un mar de innovadores, emprendedores… y me llevó la corriente. No tenía yo nada de especial. Cualquiera habría hecho lo mismo.
Pero vuelves aquí y todo se mueve más despacio, es el mar Mediterráneo (risas)… Aunque me consta que las cosas están cambiando y aquí desde Vicerrectorado, la OTRI, el Rector, tienen un interés real para favorecer el emprendimiento. De hecho aquí en Ingeniería Química o en mi departamento de Química Inorgánica hay ya algunas empresas y eso son buenas noticias.

Has nombrado antes la nanotecnología, ¿qué es la nanotecnología exactamente? ¿Cualquier cosa hecha a nivel “nano” es ya nanotecnología?

Esto me gustaría dejarlo claro desde el principio: la nanotecnología no consiste en hacer las cosas pequeñas, consiste en hacer las cosas nuevas. Hacer cosas pequeñas sabemos desde hace mucho tiempo, y esto sería miniaturizar, poner más cosas en el mismo espacio. Pero esto no es lo que hace la nanotecnología, lo que hace es que cosas que tienen propiedades conocidas transformen su estructura a escala atómica y se conviertan en nuevas. Por ejemplo, el carbón, todos sabemos que es negro, frágil y sirve para quemar, pero si modificamos su estructura atómica lo convertimos en algo transparente, flexible, más duro que el diamante, 200 veces más resistente que el acero… es el grafeno.
Esto es hacer cosas nuevas y la revolución de la nanotecnología: controlando el tamaño y la estructura de los materiales a escala atómica podemos hacer que se comporten de forma radicalmente distinta. Me gusta decir que es la alquimia del siglo XXI.

¿Crees que hay en España el talento, creatividad, y medios para llegar lejos, para emprender, como ha sido tu caso? ¿O qué nos falta?

En España hay talento de sobra pero no porque seamos más talentosos, sino porque el talento está distribuido de forma homogénea por todo el mundo. Ni nos sobra ni nos falta. Y además, si piensas: “falta financiación”, pues hoy en día te coges un avión, que aquí en el Altet tenemos unos vuelos baratos, y te plantas donde haga falta para buscar la financiación, para buscar socios.
Yo creo que lo que hace falta es ambición, la ambición de montar grandes proyectos. Hoy no hay grandes fronteras y, si tengo que estar en la “Cochipampa”, pues allí que me voy a montar mi negociete. Nuestra provincia es netamente emprendedora; es cierto que tienen  el reto de que son pequeñas empresas pero están repartidas por todas partes, pero nos falta ambición, una ambición de crear grandes empresas.
En la provincia nos falta esa ambición y como país igual. Ahora estamos algo distraídos con otras historias.

Esta ambición, ¿se educa? ¿Se puede solucionar?

Aquí somos profesores, damos clase, y vemos que hay alumnos que tienen un empuje, que es imposible pararlos y atarlos a la silla, y hay otros que no. La ambición y el talento están repartidos con bastante generosidad por igual en todo el mundo… Esto que nos planteamos en España de que hacemos buena ciencia pero no se transfiere, que no hay mucho dinero para investigación, que hay pocos emprendedores… esto lo escucho en todos los países del mundo.
Una de las cosas que se tratan en el Foro Económico Mundial es cómo fomentar este tipo de actividades. En España tenemos los mismos problemas que tienen otros países; el tema es enfocar los esfuerzos, y hoy estamos distraídos.
Porque sabemos que para perder peso hay que hacer ejercicio, comer más verduras, etc. pero es que ¡hay que hacerlo! Saberlo solamente no te quita peso. Yo creo que los discursos los tenemos, la receta está clara y ahora lo que tenemos que hacer es ponernos manos a la obra. Ha habido cosas muy positivas en los últimos años, hemos visto por ejemplo cómo hay un turismo de calidad que está despuntando, que tenemos un balneario que es el mejor del mundo. Es decir, cuando hacemos un turismo de la máxima calidad, con ambición, realmente tenemos éxito.
Cuando se hacen cosas con ambición para ser los mejores del mundo, destacamos. Lo que no podemos seguir siendo es “la provincia Ryanair“. Tenemos que ir a otro sitio, a la ambición.